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BANDERA ROJA Acuerdo Factoría

 





Análisis político y coyuntural sobre la imposición imperialista

 

A todas luces no es un acuerdo. Es una imposición a un país para saquearlo. Está inscrito dentro de la condición de factoría a la que ha sido sometida Venezuela.

Como factoría petrolera fue definida por autores como Salvador de la Plaza y los economistas y sociólogos de raíz marxista en el siglo XX, en Latinoamérica y varios países del mundo. Forma parte del acervo de Bandera Roja para definir su política en sus inicios y herramienta que siempre debe estar presente a la hora de analizar nuestra historia.

Más allá de las cuestiones políticas, de la táctica y análisis de coyuntura, estamos obligados a ir a la cuestión desde un punto de vista científico, antes que nada. Como es de suponerse no debe haber concesión alguna a quienes analizan las cosas desde una perspectiva proimperialista y de ese sentido común propio de la oligarquía financiera, que propagan los economistas, como eso de lo favorable de la inversión por venir.

Se trata de una evidencia muy clara de lo que hemos alertado. Una factoría se resume en la adquisición de materia prima a precio de costo y la conversión del país a saquear en apéndice de su mercado interno. Es una transferencia neta de plusvalía. El “acuerdo” lo dice en uno de sus acápites al establecer que:

“Derechos de Compra y Comercialización:
20% de compra garantizada al costo: EE. UU. Obtiene el derecho de comprar el 20% de la producción directamente al costo de extracción (estimado entre $42 y $56 per barril).
Derecho de Tanteo (Primera Opción): EE. UU. Conserva el derecho de primera opción sobre el 80% restante de la producción antes de que NABEP pueda vender a terceros.
Supervisión de Gobernanza: Incluye derechos de veto de EE. UU. Sobre decisiones clave de la junta directiva”.

Muy claro el asunto. Establecida la entrega a través de una empresa de maletín, la factoría supone precisamente eso. Adquirir a precio de costo. Saquear. Bajo el dominio pleno que les permite el derecho a veto.

La acumulación originaria de capitales marca el inicio de esto que será una tendencia en todo el desarrollo capitalista. Es dominante y aparece de manera contundente cuando la acumulación capitalista demanda de más materias primas y de menor precio en medio de las pugnas interimperialistas. Es un asunto orgánico. Sobre todo en condiciones de competencia entre potencias capitalistas. De allí que, cuando Marx señala en el tomo I, capítulo XIII, de El Capital, que: “La expansión de las industrias en la metrópoli dependía de la transformación de la India en una gigantesca factoría agrícola proveedora de materias primas para los telares mecánicos ingleses.»

Por lo que no se reduce su realización solamente al periodo de acumulación originaria. Es más, ya pasada la acumulación originaria, Inglaterra mantiene el dominio sobre India y otras factorías en más de 50 países.

La demanda de Estados Unidos de materia prima barata y abundante, así como mercados y fuerza de trabajo barata, lo lleva a producir este enclave de manera acelerada. Es lo que le permite elevar su composición de capitales sin que se afecte de manera significativa la caída de su cuota de ganancia.

Aun así, difícilmente pueda alcanzar la competitividad china. Por lo que la acción bélica no se reducirá a Venezuela y a estos episodios.

La economía y la política

Ahora bien, la parte política no supone que debamos hacer concesiones teóricas. Además, debemos articularla a la economía. Que haya ignorancia o no, lo importante es ubicar que no basta con la mera denuncia del saqueo sino de la definición de la condición que ha adquirido el país y la superestructura que buscan erigir y su combate a muerte. Ya cuentan con leyes que les permiten esa perspectiva. Los chinos adelantaron algo en la materia, orientando claramente las leyes antibloqueo y de zonas económicas especiales. Seguro los gringos las aprovecharán para usarlas en la perspectiva de la Venezuela factoría.

Los partidos burgueses, contando con la palanca de los economistas, aplauden el tal acuerdo, pero se oponen solamente por su condición ilegítima. Este asunto de la legitimidad se inscribe en esa corriente que le brinda primacía a lo formal frente a lo objetivo. El fetiche de la Legitimidad. Cuando nada de lo hecho desde el 3 de enero en adelante es legítimo. Es bélico. Es el resultado de un acto de guerra. De la violación de la soberanía y la autodeterminación. Pero los partidos burgueses ven las cosas a favor de los gringos y andan a la espera de su orientación.

Incluso desde posiciones de izquierda y hasta revolucionarias, no solamente se meten en eso de lo ilegítimo y constitucional, sino que lo ubican como un asunto prioritario. Hasta le brindan la misma potencia totémica como salida a la crisis y las adecuaciones como la que analizamos.

Pero los gringos como que no están muy angustiados por ese asunto.

Desde hace mucho se citan hasta a personalidades gringas, diputados, partidos políticos, empresarios y demás, indicando que mientras no haya legitimidad no invertirán. Pensando en que habrá inversiones con arreglo a lo jurídico.

Pero sucede que los gringos no tienen planteado invertir en Venezuela que no sea en petróleo, minería y una que otra maquila. Invertirán sí, en la instalación de una red de importadores de baratijas, agro y rubros que les excedan y busquen mercados. Es que la factoría no es solamente extracción, también es convertir un mercado en propio.

Pero lo cierto es que estamos en presencia del más vil acuerdo lesivo al interés del país y sus pobladores. Pero hay quienes calculan cuánto le queda a Venezuela. La máxima de que es mejor ese acuerdo que dejar el petróleo en el subsuelo prende. Es un sentido común pedestre que no ubica lo que significa en términos de la merma de los ingresos y la pérdida de soberanía sobre los recursos naturales. Un barril a 46 en vez de un barril a 80 hay una diferencia sustancial. Cuando se paga a precio de costo se reduce el ingreso. Aumenta la producción y disminuye el ingreso. Eliminación de la renta de suelo.

En medio de esta imposición cargan una deuda que tampoco es condenada por los factores burgueses y sus economistas. Unos 240 mil millones de dólares que serán cancelados con lo que quede del petróleo. Esto es, lo que quede de renta será destinado al pago de deuda con los gringos. Los 102 mil millones de deuda que le asignan a PDVSA serán cancelados con esa parte del petróleo. Aunque esta empresa, otrora de las más grandes del mundo, tiende a desaparecer.

Los gringos manejan el Banco Central de Venezuela. El presupuesto de ingresos y gastos, así como las perspectivas económicas. Somos un país sometido.

Una motivación más para asumir una política antimperialista. El enemigo principal. Sus títeres al frente del Estado venezolano. Aquellos que cacarearon la categoría de Estado fallido deberían pronunciarse de nuevo. Ese invento de los yanquis para tener la patente para invadir al país que quieran, ahora, según su propia definición, deberían decir que Delcy y sus secuaces representan un Estado fallido que debe ser rescatado. Pero no, la dictadura, antes de ropaje chavista, ahora es expresión directa de los gringos.

Salir de los gringos es salir de la dictadura. Amos y siervos deben salir juntos. Hay quienes ven que la fuerza nunca será suficiente como para salir de ambos. Que no confíen en las masas y su poderosa fuerza, no significa que no vean que las contradicciones interimperialistas también brindan una reserva importante. Las luchas de los otros países y pueblos contra los imperialistas yanquis también resumen una reserva estratégica. La crisis sistémica y cíclica de igual manera representan una fuerza erosiva del capitalismo en su fase imperialista.

Por lo que salir del imperialismo supone salir de las expresiones políticas de esa élite que actúa como gerente local de las corporaciones yanquis. Esa que facilita la extracción de materias primas, la repatriación de ganancias y el control por parte de los gringos de los mercados financieros e industriales.

Política

Por lo que la expulsión del ocupante imperialista y el derrocamiento del gobierno títere no son dos tareas separadas, sino dos caras de un mismo proceso revolucionario.

¿Uno primero y otro después? ¿En alianza con quienes se dan codazos para protagonizar la nueva superestructura? A eso deben responder los escépticos y los que hacen análisis metafísicos que niegan lo concreto en su sentido marxista.

La superestructura no se queda en leyes. Abarca todo ese edificio de instituciones, es política, es ideología, es cultura dominante. A ese inmenso edificio debemos enfrentar ubicando las brechas que va dejando, pero confiando en primer lugar en la fuerza de las masas. En las reservas estratégicas. En la alianza de los obreros y trabajadores con los campesinos. Con los sectores medios. Con la intelectualidad. Con las fuerzas patrióticas que irán emergiendo de la sociedad. De sus contradicciones y reservas.

La lucha ya comienza a desarrollarse. Es esa conciencia que comienza a prender en la gente. En los sectores avanzados ya se comienzan a dar muestras para accionar…

Carlos Hermoso,
Secretario general (adjunto) de Bandera Roja
Caracas, 7 de septiembre de 2026

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