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Venezuela y los Tiempos de Macondo

 

Venezuela y Macondo

Saqueo, hambre y enemigo principal

El asunto del saqueo viene tomando cuerpo de manera acelerada. Muy a pesar de lo cual, se siguen oyendo voces que prefieren que los gringos se lleven las riquezas a que los chavistas se las roben. No sacan bien las cuentas; sobre todo, no sacan la cuenta de cuánto falta para cubrir el presupuesto de gastos desde que llegaron los gringos, a pesar de que ya se producen más de 200 mil barriles diarios en relación con diciembre de 2025. Por lo que, a momentos, dicen que antes tampoco llegaba nada y los chavistas se lo robaban todo.

En todo caso, el simplismo no puede sustituir a la realidad. A los chavistas debíamos derrotarlos los venezolanos de la manera en que se configurara la vía. Es un asunto de autodeterminación, de soberanía nacional.

Los gringos no venían por Maduro para derrotar y desalojar la dictadura ni para liberar a los presos políticos. Venían por el país, por sus riquezas y por la baratura de sus obreros. Para nada los inspiraba idea noble alguna.

El rostro humano

Ponerle rostro humano al nuevo episodio de la tragedia es importante, aunque doloroso. Más allá de los números hay humanidad. Se multiplicarán el hambre y la desnutrición infantil. La calidad de la educación y de los servicios públicos verán un deterioro mayor al ya alcanzado.

Si tomamos la referencia histórica de países convertidos en factorías, el presente es apenas un asomo. El futuro nos depara grandes calamidades sobre las cuales se levantará una poderosa fuerza capaz de expulsarlos.

La vida de Venezuela con los gringos será —guardando las proporciones— como regresar a las minas del Potosí. Ponerle rostro humano a la explotación y muerte de 8 millones de indios en esa mina, según Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina, se puede apreciar en las pinturas de Guayasamín sobre las mitas mineras, así como Siqueiros plasmó en El grito el dolor causado por la Guerra Civil Española o Picasso en el Guernica. Ya tendremos nuestros pintores, poetas y novelistas que narrarán el sufrimiento que es la continuación más profunda del dejado por el chavismo.

García Márquez, en la literatura, es referencia obligada en este sentido. Venezuela es Macondo; aunque, a diferencia de ese pueblo de la imaginación y la realidad que encarna las secuelas de la factoría bananera, el olvido no será posible. Tampoco la lluvia lavará la desgracia dejada por la tenebrosa United Fruit Company. Nosotros mismos lavaremos la que dejarán las petroleras y mineras de los gringos.

La inversión directa e indirecta

Pero eso no pasa por la mente de quienes afirman que las inversiones, a la larga, traerán crecimiento. Esa perversa lógica del capital, ideologizada por los economistas burgueses, ve bondades donde hay saqueo que afianza la condición colonial venezolana y su papel en la división internacional del trabajo. La inversión supone la transferencia de plusvalía al inversor. Si las condiciones le permiten una plusvalía muy superior a la que obtiene en su nación de origen, lo aprovecha de manera extrema, que es el caso que nos ocupa. Esa transferencia implica un traslado de riqueza a otra economía (la del inversor), así como una merma de la propia. Por lo tanto, se traduce en una disminución del presupuesto de ingresos y un deterioro en las condiciones de reproducción de la sociedad.

China logra su desarrollo sobre esta base. Pero, tratándose de un proyecto imperialista por la hegemonía mundial, se basó en el sudor y la sangre de los trabajadores para cumplir con la demanda del inversionista, mientras se quedaba con una proporción que también fue capitalizada en suelo chino. De lo grande que era —y sigue siendo— la plusvalía extraída, alcanzaba para ambas partes. La fuerza de trabajo china, sobreexplotada durante décadas, garantizaba con su baratura el desarrollo del país, mientras brindaba una elevada cuota de ganancia al inversionista. El proceso de acumulación capitalista con esas inversiones adquiere un desarrollo inusitado gracias al sentido nacional e imperialista chino.

Sin embargo, el camino socialista pudo haber brindado un desarrollo aún mayor sin llevar a cientos de millones de obreros chinos a la mayor calamidad. Un ejemplo gráfico al respecto es la muerte de miles de obreros en la fase inicial de tres décadas de refinación de tierras raras, lo que a su vez impulsó el fenómeno de los "pueblos del cáncer". El despotismo asiático de siglos alcanzó toda su profundidad en todas las áreas como base de una industrialización forzada, encaminada a llevar a China a la hegemonía mundial.

No es el caso venezolano ni el de los países débiles y dependientes. Las limitaciones al desarrollo encuentran en la división internacional del trabajo su grillete. Los nexos de dependencia, que anulan en buena medida el sentido nacional, conducen a la burguesía a ser socia menor del gran capital. Acá son grandes capitalistas, pero subalternos en su relación de dependencia financiera y tecnológica con el capital estadounidense y europeo, principalmente.

Pero los incautos economistas y políticos de la burguesía no sacan bien las cuentas. La nueva ley de hidrocarburos viene acompañada por una deuda cuyo cálculo se desconoce y, en la negociación, los venezolanos contratan a una empresa estadounidense como garante propia de la transacción. Calixto Ortega y compañía parece que no saben mucho de matemática financiera, o asumen que en Venezuela no hay economistas, estadísticos y actuarios que sepan de eso. Prefieren a la empresa gringa. Coloquialmente, la gente dice que eso es como poner a una hiena a cuidar la carne. Se dice que la deuda alcanzará los 240 mil millones de dólares, aunque cálculos más conservadores la ubican entre 140 y 180 mil millones. A esto se suman los nuevos compromisos con el Fondo Monetario Internacional, los cuales, según se anuncia, superarán los diez mil millones más.

Algunos sacaron cuentas y levantaron un tantico la voz. Con todo, saludamos que se hayan percatado de que ese camino es en extremo peligroso y puede llevar a una crisis que pondrá en peligro el orden imperante.

Y es que la mengua en el ingreso petrolero y minero, hasta ahora administrado por los gringos, no alcanzará siquiera para honrar los compromisos adquiridos e impuestos. Mucho menos alcanzarán los recursos para cubrir el presupuesto de salud, educación y vivienda, entre otros servicios, así como para el salario de quienes dependen del Estado en todas sus instituciones.

Alguna vez dijimos que «ahora el petróleo eres tú». Se extiende este principio, pero con más profundidad y mayores limitaciones. La caída en la capacidad de demanda hace que el IVA no sea una fuente muy garante para cubrir el presupuesto de ingresos, por lo que se adquirirán nuevos compromisos. Esto es: al saqueo y a la deuda que merman el uso de recursos para la gente, se le agregan nuevos compromisos que comprometen aún más el futuro de Venezuela.

Pero la perspectiva es revolucionaria 

La emigración se hará más patente. La búsqueda de alternativas afianzará la condición migratoria que ha adquirido el venezolano. La esperanza que guardaban millones de familias por el regreso de los suyos fue cancelada. Mientras tanto, las remesas se convierten en un aporte importante para el fisco nacional, pues parte de esos recursos se transforman en IVA; esa parte que sustituye el ingreso mermado de la renta petrolera y minera.

Ante estas circunstancias, el futuro venezolano se hace cada vez más sombrío y se frena el desarrollo de las fuerzas productivas hasta límites extremos.

Con todo esto, los economistas dicen muy poco en relación con este panorama; los políticos de los partidos burgueses, menos. Su preocupación mayor es la candidatura en uno u otro estado, las alcaldías, el padrón electoral…

Los gringos avanzan sin resistencia alguna, aunque el descontento y la vinculación de los problemas de la gente con el saqueo ya comienzan a prender. Nadie se explica que aumente la producción petrolera y se mantengan los mismos salarios, el mismo deterioro de las condiciones de vida de los venezolanos, de la infraestructura educativa y del salario.

Los gringos administran los recursos de Venezuela con base en sus intereses. El sometimiento es total. De eso la gente ya comienza a percatarse. Los políticos burgueses no; siguen preparando las elecciones y promoviendo candidaturas. Sin embargo, es cada vez más difícil esconder el saqueo y sus consecuencias en el pueblo.

Eso del «enemigo principal», por momentos, no es fácil plasmarlo. Son muchos sus socios enanos y sus piezas de cambio en todas las instituciones, cuyo espíritu crítico y patriótico ha sido anulado hace tiempo. El odio al chavismo se hace cortina de humo frente a los gringos, pero la realidad también comienza a develarse.

La política revolucionaria debe hacerse presente hasta incidir en ese despertar que ya comienza. Las condiciones de vida se convierten en la principal propaganda contra los gringos y su dictadura. Hay que meterse en las masas; somos parte de su vida misma. Promover asambleas en todos los espacios donde se debata la coyuntura venezolana es una tarea impostergable. Las movilizaciones se harán presentes y el movimiento espontáneo cobrará protagonismo. Esta circunstancia debe ser aprovechada, aun a riesgo de la propia vida; pero bienvenida sea, ya que se va anunciando con este despertar una lucha a muerte contra el imperialismo y sus socios por la independencia nacional.

Groucho Marx

16 de octubre de 2026


 


          Un lunes 4 de octubre de 1982

Se apaga una luz, nace un relámpago

 

Hace 44 años ocurrió la Masacre de Cantaura. La vida de veintitrés (23) combatientes fueron apagadas en un enfrentamiento muy desigual contra fuerzas combinadas de aire y tierra del ejército, la aviación y los cuerpos de seguridad del Estado. De los 23 fallecidos, más de 11 mostraban “tiros de gracia” en la nuca, lo que evidenciaba que fueron ejecutados luego de estar heridos o ser apresados, contraviniendo las más elementales normas de guerra estipuladas en el Pacto de Ginebra. Los efectivos de los cuerpos de inteligencia del Estado —DIM y Disip, especialistas en tortura y tratos crueles a los prisioneros— se encargaron de aplicar esa operación exterminio. Conducta criminal que contrasta totalmente con la ética revolucionaria mostrada por uno de los grupos de guerrilleros que lograron sortear el cerco y detuvieron a cuatro soldados, a quienes se les respetó la vida y fueron liberados sanos y salvos, luego de que la escuadra de sobrevivientes los hubo desarmado y se encontraban fuera del peligro.

 

El principal destacamento del Frente Guerrillero Américo Silva (FAS) estaba en preparativos para realizar una acción propagandística y de recuperación de recursos. Había concentrado una cantidad de efectivos importante, para ser una guerrilla en terreno de los llanos. Se trataba de la toma de la población de Cantaura. Habían ubicado su campamento base en las cercanías de esa ciudad, en un lugar conocido como Los Changurriales del Morocho Evans.

 

Debemos recordar que el FAS hace su primer aparición pública el 14 de agosto de 1977, en una acción que permitió la liberación de 13 presos políticos que estaban recluidos en la cárcel de La Pica, en Monagas. Dicha operación fue planificada, dirigida y ejecutada por Bandera Roja y llevaba el nombre de Vicente Contreras Duque, para homenajear al dirigente nacional del partido que un año antes había sido asesinado en el estado Bolívar, en un sector rural conocido como “Las Pavas”.

 

Los principales mandos del Frente Guerrillero Américo Silva (FAS) estuvieron entre los caídos. El primer comandante Roberto Rincón Cabrera —“El Catire”—, Enrique Márquez Velásquez, Rosa Emperatriz Guzmán, Sor Fanny Alfonzo, Carlos Jesús Hernández, Carlos Sambrano, Antonio Echegarreta, Mauricio Tejada, José Miguel Núñez, Nelson Pacín, Diego Alonso Carrasquel, María Luisa Estévez, Euménides Gutiérrez, Carmen Rosa García, Beatriz Jiménez, Baudilio Herrrera, Eusebio Martell, José Isidro Zerpa, Julio César Farías, Hildemar Morillo, Luis Gómez, Jorge Luis Becerra y Rubén Castro. Jóvenes que se habían curtido en sus primeras luchas en liceos y universidades, en centros fabriles, en caseríos y en escuelas públicas.

 

Provenían de distintas regiones del país, desde Táchira y el Zulia, hasta Sucre y Bolívar, pasando por el centro norte-costero. Congeniaban su profundo sentido revolucionario con una práctica que buscaba formación y educación para ser más eficaces en la organización del pueblo para luchar por los cambios que Venezuela requería.

 

El gobierno del socialcristiano Luis Herrera Campíns había ordenado matar en la cuna el embrión insurreccional que renacía en las montañas del Oriente. Le había tocado gobernar en un tiempo en el que comenzaba la retracción de la economía nacional. Ya había pasado el enorme boom petrolero de la década de los 70, que en definitiva fue un festín de corrupción y dilapidación del erario nacional, y que había significado un colosal enriquecimiento en breve tiempo de sectores de la oligarquía venezolana. De ese jolgorio financiero de putrefacción y despilfarro, nacieron los nuevos grandes millonarios conocidos como “Los Doce Apóstoles”, que giraban alrededor del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez.

 

Desde comienzo de los 80, en las filas de Bandera Roja se analizaba la debacle que ya se veía venir sobre los gobiernos del bipartidismo y que luego (en 1983) se evidenciaría plenamente en el llamado “Viernes Negro”, donde comienza la devaluación del bolívar y a tomar un descomunal peso  en el presupuesto nacional la creciente deuda externa. Pese a más de un lustro con exorbitantes ingresos de petrodólares al fisco —en los tiempos de “ese güisqui está barato, dame dos”, o “voy a almorzar a Miami y vuelvo más tarde”—, al pueblo trabajador sólo le tocaron las migajas y las sobras de tremendo derroche.

 

Un dato relevante que se tomó en consideración —proveniente de los informes del Banco Central— , fue que entre 1978 y 1982 la distribución de la riqueza se había invertido en detrimento del trabajo de una manera bárbara. La alícuota que correspondía al trabajo, grosso modo, había pasado de 65 % a 45 %, mientras que lo correspondiente al capital había subido de 35 % a 55 %. Comenzaba el deterioro de todo el sistema de seguridad social y a declinar un conjunto de reivindicaciones que estaban asociadas al salario y sus incidencias en otros proventos que beneficiaban al trabajador y a su familia, en particular las prestaciones sociales.

 

Basados en esos análisis y en las principales tendencias a que apuntaban las circunstancias, Bandera Roja se dispuso a prepararse para la posibilidad de que se presentase una situación revolucionaria que exigiera cambios de mayor significación que la rotación electoral entre adecos y copeyanos. Sus principales esfuerzos los puso en el levantamiento de un fuerte y amplio movimiento de masas —en la clase obrera, en los sectores campesinos, en la intelectualidad, en el movimiento estudiantil y universitario— que estuviera firmemente anclado en las luchas reivindicativas, pero que a su vez abriera la conciencia en vastos sectores de la población sobre la necesidad de ruptura de las cadenas imperialistas que impedían que el país lograra un verdadero desarrollo nacional de sus capacidades, y un mejor uso de sus riquezas nacionales para apuntalar una revolución industrial y una mecanización acelerada de nuestra producción agrícola.

 

Dentro de esos análisis, las tareas que se le encomendaban a los destacamentos guerrilleros del FAS —ubicados en el Oriente del país, además de sus expresiones urbanas— consistían en promover la organización social y política del campesinado y de los productores del campo, y adicionalmente contribuir a atender los problemas de sostenimiento de las campañas de propaganda y de educación hacia el pueblo. Además, pese a sus dimensiones, eran una luz referencial ineludible que indicaba a los venezolanos que sí se podía transformar nuestra sociedad hacia una verdadera independencia asentada en una próspera justicia social. Su rol era el de apuntalar lo que considerábamos esencial: la irrupción de las masas populares organizadas con formas de expresión muy variada, desde la participación en los eventos electorales hasta la conformación de órganos de resistencia y defensa ciudadana como base para alimentar el espíritu subversivo e insurreccional.

 

En estas más de cuatro décadas, los revolucionarios venezolanos hemos rendido homenaje a la valentía de esa camada de jóvenes que ofrendaron sus vidas en aras de un ideal libertario. La luz que fue apagada se ha convertido ahora en un relámpago que alumbra los senderos libertarios, hoy más que nunca necesarios por el retroceso gigantesco que ha sufrido Venezuela, al convertirse en un enclave colonial al servicio de los intereses imperialistas de Estados Unidos y con la existencia de una ficción democrática no encarnada en el vivir cotidiano de los venezolanos de a pie.

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